Digo que

on viernes, noviembre 01, 2013

Por Claudio Cherep
Digo que el 29 de octubre de 2013 quedará en la historia como el día en el que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual fue declarada constitucional en su totalidad por la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Que el fallo llegó después de 4 años de su sanción en la Cámara de Diputados y en la de Senadores. Que su advenimiento es el más colectivo de todas las leyes que se dictaron desde que en 1983 pudieron volver a dictarse leyes. Digo que, además, el antojo del calendario hizo que estuviera en la tapa de todos los diarios justo el mismo día en que la Democracia cumplía 30 años en la Argentina.


Digo que en la Santa Fe recién salida de la década del ´90, el mapa de medios era acotado. Que los que pugnaban por ampliar el dial recibían el despectivo mote de “radios truchas”, avalados por una ley que llevaba la firma de Videla y Martínez de Hoz. Que las voces que se alzaban como queja, por pocas, no llegaban a ser un grito. Digo que hacer radio como un derecho para la comunidad y concebir la comunicación como un derecho humano no estaba -intencionalmente- en ninguna agenda. Que los espacios para la disputa del sentido sólo eran concebidos por y para los medios del establishment.
Digo que el 27 de agosto de 2004, la recientemente creada Coalición por una Radiodifusión Democrática elaboró los 21 puntos que iban a ser fundamentales e innegociables para gestar la nueva ley de medios. Que este espacio se creó a instancias del Foro Argentino de Radios Comunitarias que nunca se cansó de abrir puertas. Que los militantes sembraron el país de propuestas en cada rincón. Digo que las universidades públicas, los sindicatos de prensa, las emisoras populares, las organizaciones sociales y los organismos de derechos humanos hicieron grito el susurro.
Digo que en la Santa Fe inundada y reutemanista de los inicios de este siglo juntar firmas en la peatonal por la nueva ley de medios era visto como una cruzada marginal. Que el Foro de Comunicación Santafesino hizo una radio abierta en calle San Martín para instalar el tema y un festival en el Parque Garay para recuperar la FM Popular de Santa Rosa de Lima que había quedado bajo el agua. Que participaron músicos, artistas y trabajadores de la comunicación. Digo que no fue el hecho fundante, pero sí el puntapié para que la lucha no fuera aislada sino que cobrara visos de organización.
Digo que el 18 de marzo de 2009 en el Teatro Argentino de La Plata la presidenta Cristina Fernández de Kirchner presentó un bosquejo de lo que sería la nueva ley. Que en la ciudad que buscaba a Julio López con desesperación pidió que “todos los argentinos tengan derecho a la información”. Que además aclaró que “este no es un proyecto de Cristina, ni del gobierno, ni de un partido, sino una propuesta que ponemos a consideración del pueblo argentino”. Digo que muchos luchadores viejos lloraron como pibes y que muchos pibes no lloraron pero esa misma noche se hicieron luchadores.
Digo que en la Santa Fe de una universidad pública remolona para adherir a la ley, se realizaron audiencias públicas convocadas por el Senado. Que allí diversos actores sociales de la comunidad expusieron sus puntos a favor o en contra del porvenir de la nueva legislación. Digo que los argumentos no agregaron demasiado a la cosecha de testimonios recogidos en todo el país. Que al menos sirvieron para que muchos apellidos que suelen moverse en las sombras del poder pudieran manifestar públicamente su indignación. Digo que estuvo bueno que tuvieran que mostrar cómo piensan y que pudiéramos verles las caras.

Digo que el fallo tardío y necesario de la Corte Suprema de Justicia fue la ratificación de la voluntad popular expresada en ambas cámaras legislativas. Que vino a poner fin a un oprobio siempre latente. Que esta Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es la ley más bien parida de la historia argentina. Que además le pone coto al monopolio más mal parido de la misma historia. Digo que cada militante que recorrió el país sabe que es una herramienta, la mejor de las herramientas, pero que habrá que propiciar su buen uso para defenderla de los perseguidores de cualquier nacimiento.

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